Monday, December 18, 2006

Navidad, propósitos para Año Nuevo y otras cosillas

Aviso a los navegantes:
He notado que últimamente muchos accedéis desde América (México*, Venezuela, Colombia, Argentina, Chile, Uruguay, Ecuador, Guatemala, EEUU, etc.) a esta entrada y la curiosidad me puede. Si lo hacéis pensando en las Navidades de este año (por el título) dentro de unos días haré la correspondiente a este año. Si es por algún comentario en el texto, me gustaría saberlo y así podríamos cambiar impresiones. Animaos y dejad algún comentario. ¡Saludos!
*(Para no ser "palurda" como he visto que denominan nuestros amigos mexicanos a quienes lo escriben con "j".)

Voy a comentar un poquito de todo además de procurar no extenderme mucho, que al final me pasa lo que a Jordan, que se supone que es un comentario reducido y... ejem.

Primero, explicar el porqué de las fotos que he elegido para esta entrada y sus significados. Tanto el acebo como el muérdago son dos plantas que identificamos con la Navidad, de ahí mi elección. Además, son bonitas y evocadoras.

El acebo, como otros arbustos o árboles de hojas perennes y bayas rojas, son símbolos de fertilidad y vigor. En “zonaverde.net” nos cuentan que “La introducción del acebo como planta navideña se atribuye a la Iglesia Católica, en un intento por sustituir al pagano muérdago, que era un símbolo utilizado por los druidas en las festividades del solsticio de invierno.” Continúan con el resumen de un viejo relato:

“Una antigua historia celta "El rey Roble y el rey Acebo" que se representaba de forma popular al comienzo del invierno, contaba cómo el Rey Roble reinaba sobre la mitad luminosa y cálida del año, cuando sus hojas verdes estaban en su mayor esplendor, y cómo el Rey Acebo reinaba sobre la parte oscura y fría del año, cuando el Roble perdía sus hojas y el Acebo, sin embargo, mantenía el verde de sus hojas y se adornaba de bayas rojas.”

Por otro lado, bajo el muérdago, recordad, es tradición abrazarse y besarse. El muérdago era una planta sagrada para los druidas, que la utilizaban como panacea para casi todo. En “tinet.org “ (Calendario), explican más sobre esa costumbre; os lo copio a continuación. Casi parece el inicio de un relato de fantasía ¿verdad?

La costumbre de abrazarse y besarse bajo unas ramitas de muérdago se originó en la antigua Britania alrededor del siglo II a.C., entre los druidas, que eran la clase culta entre los celtas. Doscientos años antes del nacimiento de Cristo, los druidas celebraban el comienzo del invierno recogiendo muérdago y quemándolo como sacrificio a sus dioses. También se colgaban ramitas de esa planta de color verde amarillento y de bayas blancas y céreas en las casas, a fin de asegurar la dicha y armonía familiar durante el año. Los invitados a entrar en una casa se abrazaban bajo estas ramitas de buenos auspicios. Otras colocadas en el exterior de la casa daban la bienvenida a los viajeros, y si por casualidad se encontraban unos enemigos debajo de un árbol en el que hubiera muérdago (planta parásita tanto en los árboles de hoja perenne como en los de hoja caduca), se les exigía dejar en el suelo sus armas y olvidar sus diferencias durante un día."

Y ahora, hablemos de otras cosas. Estoy dándole vueltas a la cabeza a ver si se me ocurre cómo organizar una entrada donde me preguntaseis cosas que os apetecería saber o por las que simplemente sentís curiosidad. (Que luego pueda o sepa responder, ya es otra historia, porque determinados temas no dependen sólo de mí, claro.) O también si os apetece comentar o contar algo para compartirlo con otros visitantes del blog. En fin, a ver si en estas fechas dispongo de un algún rato libre en el que (además) esté inspirada, aunque con el cansancio metal y físico que vengo arrastrando en los últimos dos o tres meses, no sé yo si tal cosa será posible. Se admiten sugerencias ¿eh? Descartado, en cualquier caso, lo de tener una dirección de correo de momento. En fin, ya veremos.

Hace unos días recibí un ejemplar de Dragones, un libro de relatos sobre estas criaturas fantásticas encuadrados en diferentes mundos, como Dragonlance, Reinos Olvidados, Eberron y Magic. Aparte de que el cuento de Dragonlance tiene como protagonista a nuestro admirado Tas y es muy divertido, la presentación del libro es fabulosa, por calidad de cubierta, de papel y de ilustraciones, tanto en color como en blanco y negro. Sería un bonito regalo para estas fiestas si tenéis algún compromiso :)

Y quería comentaros, aunque sólo por encima, que hace unos días he terminado de traducir un libro que me ha dado mucho trabajo porque no estaba familiarizada con el tema que trata, pero que ha sido una experiencia, cuando menos, interesante. No puedo explicaros nada más porque imagino que la editorial querrá presentarlo a los lectores en primer lugar, lógicamente. A mí me ha parecido muy ameno.

Por otro lado, seguro que a algunos de vosotros les gustará saber que dentro de unos días empezaré la traducción del primer volumen de una nueva trilogía de Weis y Hickman. Me parece haber visto por las páginas de aficionados que se han comentado ya cosas sobre este asunto. No he leído nada todavía, pero imagino que siendo ellos dos los que escriben les interesará a muchos de sus seguidores.

Una curiosidad que tengo es si alguno de vosotros siguió lo del “consultorio de Rayne” del viernes, porque no sé si lo colgarán en la página; como no lo hagan... A ver cómo nos enteramos los que no podemos “conectar en directo”.

En cuanto a los buenos propósitos para el año próximo... El primero es buscar más ratos libres para dedicarlos al ocio. Luego, intentar hacer una primi todas las semanas, a ver si hay suerte, porque algunas cosas, como no sea con un pico grande de lotería o de una cosa de estas... difícil lo veo. Y también querría encontrar tiempo para visitar de nuevo algunos lugares en los que ya he estado pero a los que me han quedado ganas de volver :)

Y ahora (he dicho que no quería alargarme y creo que voy a cumplirlo esta vez; más o menos) sólo me resta desearos a todos unas fiestas muy felices, montones de regalos en Navidad y Reyes, diversión (aunque siempre controlando copas, velocidad en vehículos, etc. ¿eh? que quiero saber que estáis todos por aquí cuando hayan acabado estas celebraciones) y, como colofón, os deseo un grandioso 2007. Ojalá se cumplan muchos de vuestros deseos.

Dejaré esta vela encendida para que no os perdáis al volver de noche ;)

Un saludo, amigos


Monday, November 20, 2006

¿Tiene Rayne un nuevo competidor?

Ryan Sohmer, uno de los autores de la tira de cómic Least I could do de la que hablé en otra entrada, con Rayne como protagonista (y para mí, su grandiosa sobrina, Ashley), pedía consejo a la gente que lee su página sobre libros de fantasía, pero no libros independientes, sino series, y comentaba que es un gran aficionado a las series La Rueda del Tiempo y Canción de Fuego y Hielo, para dar una idea sobre lo que buscaba. Hoy he visto que comenta que ha empezado con el primer libro de La Espada de la Verdad.

En cualquier caso, tengo la impresión de que debía de conocer ya Reinos Olvidados, porque ha iniciado hace poco una especie de cómic online (gracias Amberor por tu indicación en los comentarios de la anterior entrada de Least I could do) también con Lar Desouza, que se titula Looking for Group y que por la temática me recuerda al conocido elfo oscuro, Drizzt Do’Urden. No he hablado antes de ello porque acababan de colgar la primera “página” del cómic. Ahora ya hay tres y también es muy divertida esta tira presentada a modo de página. Y el malo malísimo me encantaría si no fuera por el refrito de conejito que hace, porque lo del conejito me recordó las sombras chinescas que le hacía Caramon a Raistlin de niños, cuando su gemelo estaba asustado.

De momento hay actualización cada lunes, aunque parece que se están planteando hacerlo con más frecuencia, cosa que decidirán dentro de poco. Así que los que os habéis aficionado a Least imagino que también os haréis visitantes asiduos en esa otra página.

Espero que os guste.

Un saludo a todos

Un anexo incorporado hoy, 22 de noviembre, a la entrada:

El comentario hecho por Ulin sobre la temática en la que creía que se basa esta nueva tira, así como el poster Legend of the Karat Diamond que encontraron mis detectives particulares en el apartado "Extras" de la página nueva y en el que se ve a los personajes del grupo (al parecer formado ya) han servido para estar casi seguros de que es un juego (nada del elfo oscuro, como pensaba yo) que se llama World of Warcraft.

Gracias a todos por esas deducciones y pesquisas ;)

Wednesday, November 1, 2006

Seis palabras

Hace casi un mes que puse la entrada anterior, pero el trabajo me ocupa mucho tiempo y ahora dispongo de muy pocos ratos libres. No me había olvidado de este rincón nuestro, ni mucho menos.

Sin embargo, hoy he leído una noticia en una página americana, Dragonmount, dedicada a La Rueda del Tiempo, noticia que he visto también en Los Espejos. No me refiero a las informaciones que dan de vez en cuando sobre el desarrollo de la enfermedad de Robert Jordan y el tratamiento que sigue; por cierto, ese último “parte médico” parece apuntar cierta mejoría, aunque sea lenta, y se ve una luz de esperanza al final del túnel. Esperemos que sea así. Ya que lo menciono, aprovecho para desear sinceramente una pronta y total recuperación al señor Jordan.

La noticia de la que hablo es la del “cuento muy corto”; tan corto como es un máximo de seis palabras. Wired magazine propuso a varios autores, entre ellos a Jordan, que participaran y, emulando a Hemingway, escribieran un relato que no sobrepasara ese máximo... tan mínimo.

Como en esa página americana se alienta a los lectores a participar con sus propios “relatos muy cortos”, me he animado a contribuir con el mío aquí, en mi rincón. Sería:

Book unveils plot; unexpected ending.

Lo he hecho en inglés porque es más fácil no superar las seis palabras. Si alguno tiene su “cuento muy corto” y le apetece, que se anime y lo deje en comentarios.

Un saludo a todos.

Wednesday, October 4, 2006

A mi manera - El proceso de traducción de un libro (2)

Me he retrasado con la segunda parte y pido disculpas por ello, pero ya encontré ese hueco libre que no he tenido estos días, de modo que, recordando a Fray Luis de León y confiando en que no le moleste que tome prestada su frase temporalmente (se le cayó hace un ratito y no se dió cuenta; se la devolveré en cuanto le vea)

Decíamos ayer...

Seguimos con el caso que en la entrada anterior adelanté que iba a contaros. Procuraré no desvelar datos de algún libro en favor de los que no los han leído todos. Tendré que ser ambigua, como Mister RAFO, pero creo que es posible hacerlo sin revelar gran cosa de la historia. Sucede que uno de los Renegados está llevando a cabo un trabajo que se le ha encomendado y lo interrumpen para que acuda a la llamada de otro personaje. (Caramba, qué difícil es explicar lo mejor posible una escena sin “espoilear”.)

De camino (o de vuelta, ya no recuerdo bien) a la cita, el Renegado va pensando lo mucho que le molesta que le interrumpan su “trabajo” y el hilo del pensamiento concluye con la idea de que no le ha gustado nada que lo apartaran de su (en inglés) “charge” para ocuparse de otra cosa. Hay términos que tienen una traducción difícil de un idioma a otro y éste es uno de ellos. Ese “charge” es una persona, no un cargo que estuviera desempeñando, como creo recordar que apuntaba un lector en unos foros cuando “saltó la liebre”. Por ejemplo, el “charge” de un profesor sería un alumno; de un tutor, aquel que está bajo su tutela; de un médico, su paciente.

En este caso, por la profesión que el Renegado había ejercido en la Era de Leyenda, relacionada con el cuidado de la salud de la gente -y que en ese momento está ejerciendo de un modo muy peculiar- me pareció una buena solución traducirlo por “su paciente” al creer que se refería a la persona a la que estaba tratando cuando recibe la orden de acudir a la cita. Pues no. Al cabo de, no recuerdo bien si fueron tres o cuatro libros, saltó la liebre que decía antes. Esa liebre era que el Renegado no se refería a la persona que tenía que dejar de atender para asistir a la reunión, sino a otra que estaba a su cargo cuando recibió la orden de ocuparse del paciente a quien dispensa sus... -¡ejem!- cuidados. Resultó que esa persona en la que piensa como su “charge” no era un “paciente” sino alguien que tenía, más o menos, bajo su tutela (que tampoco es exacto, pero sí lo que más se aproxima a la relación entre el Renegado y el personaje en cuestión.) Así de complejo puede ser decidirse por una u otra acepción de un término a la hora de traducirlo. Y si no tiene repercusión en la historia, hay que dar las gracias mientras suspiras con alivio, pero como sí influya... Échate a temblar.

Otras dudas que se me plantean procuro solucionarlas con una consulta a la editorial, al tiempo que expongo las posibles soluciones que se me ocurren. Normalmente me atengo a lo que se propone desde la editorial, salvo si por algún motivo de la historia en general o del libro en particular pudieran surgir contradicciones o cosas chocantes. En ese caso, expongo mis razones por las que no considero conveniente la solución que proponen ellos. Al final se llega a un entente.

Hay también alguno que otro caso especial, como fue el de un gazapo de fechas en el original (de otra serie) que se transmitió a la editorial americana y la respuesta fue que se tradujera como estaba, que ya se corregiría en “próximas ediciones.” Daría risa -considerando cuántas reediciones suelen hacerse aquí de libros de fantasía- si no fuera porque piensas en los lectores.

Cuando saltan gazapos (casi siempre levantados por lectores, que he de decir que tenéis una memoria envidiable y una capacidad sorprendente para relacionar algo ocurrido en tal libro con otra cosa que sucede en tal otro) y con suerte se hacen reediciones, entonces se aprovecha y, al menos yo, transmito todos los apuntes y anotaciones que he recopilado a la editorial para que se rectifiquen errores.

Algunas erratas se producen al incorporar los cambios señalados por el corrector de estilo. Recuerdo un caso que ahora, con la distancia de los años transcurridos, me hace gracia, pero en su momento me llevé un buen berrinche. Coloquialmente, me pillé un rebote de mucho cuidado. Fue en un libro que tenía como protagonista a Tasslehoff Burrfoot. Al parecer, al corrector no debió de gustarle la frase “Tas echó a correr hacia el árbol” y quiso cambiarla -imagino- por “Tas corrió al árbol.” Al incorporar el cambio, alguien no entendió bien la corrección y lo que salió publicado fue: “Tas se corrió al árbol.” Grotesco. Lo más divertido fue la conversación que sostuve con la persona responsable en la editorial y la frase indignada que solté (aunque no voy a reproducirla aquí para evitar palabras malsonantes), que le provocó una carcajada, sobre la integridad de cierto apéndice corporal del pobre Tas tras su “encuentro abrasivo” con la corteza del árbol. La risa se me contagió al comprender lo chusco de la frase y se me pasó el mal humor.

Luego están las erratas que no son tal, como aquel caso de un lector que protestó por los “numerosos errores” que tenía la edición nueva de La Rueda. Un ejemplo que ponía era que algo ocurría “inopinadamente” cuando nadie había opinado nada. A veces no caer en cosas así es tan sencillo como consultar el diccionario si hay algo que te choca, antes de enfadarte sin motivo.

Me he dispersado, me he desviado el hilo principal, mecachis. (Vale, aquí habría quedado genial una de las exclamaciones habituales de Mat, pero... Guardemos las formas.) Prosigamos.

Mi jornada laboral comienza, como he dicho antes, alrededor de las nueve de la mañana, con el libro en el atril y el Oxford al lado, varios iconos en la barra de herramientas de las conexiones, enciclopedias y DRAE, y cuatro de documentos Word: uno de la traducción, otro con la lista de nuevos términos que voy confeccionando, el tercero con la nomenclatura general al que voy agregando lo nuevo que sale y por último, un cuarto en el que anoto las incidencias que surgen en el libro conforme aparecen.

Las incidencias son ciertos detalles sobre decisiones tomadas por mí misma o junto con la editorial respecto a la traducción de algún término, frase, escena o cosas que me han extrañado en el original porque no concuerdan con datos aparecidos con anterioridad (cosa que ocurre principalmente en Dragonlance) y, en resumen, todo aquello que se sale de lo habitual para que lo tengan en cuenta a la hora de concretar el texto definitivo en las últimas galeradas. Quizás algún día, si estoy de humor e inspirada, pondré una entrada con algunos ejemplos. Podría resultar hasta divertido. Una vez que todas las herramientas están preparadas, saludo a los personajes de la obra que tengo entre manos (mantener buenas relaciones con ellos facilita mucho las cosas), pongo algún CD de música suave que no exija mi atención, sólo que me sirva de compañía, y me lanzo a la aventura del día.

Unas tres horas después, hago un alto a media mañana y mientras me tomo un cafetito a veces echo un vistazo a las páginas de aficionados para ver qué vientos soplan. Tras otro par de horas de trabajo llega la parada para comer, con un descanso de hora y media, más o menos, y vuelta a la faena durante toda la tarde hasta las siete y media, las ocho o más, dependiendo de cómo se haya presentado la traducción ese día o si yo he estado más o menos lúcida. O espesa.

Como he dicho antes, el sábado dedico un buen rato a hacer una lectura de lo que he traducido esa semana o a los “flecos” que me he dejado sin traducir los cinco días anteriores. Hay veces que casi ardo en deseos de que llegue el lunes para reanudar el horario normal y trabajar cuando todo el mundo trabaja, en vez de sentirme un bicho raro que se machaca, inmisericorde y por propia voluntad, hasta el agotamiento, la irritación y la mala uva, mientras la mayoría de la gente disfruta de su merecido descanso semanal.

Por fin un día llego a la última página del libro y se termina la traducción. Sin pulir, por decirlo de algún modo. Es entonces cuando me dedico durante una o dos semanas en las que “cambio el chip” a leer la traducción como si fuese un lector cualquiera, sin pensar en inglés, porque es así como me doy cuenta de que ciertas frases o palabras que me sonaban bien al traducirlas, ahora resulta que no, que me saltan a los ojos. O por si cazo alguna incongruencia o falta de continuidad en personajes, escenas, etc. O se ha colado algún falso amigo -o falso cognado que, en cualquier caso, es un “cognadzo” de mucho cuidado para los traductores-. (¿A que me disculpáis este chiste fácil?)

Es un poco como hacer la labor del corrector de estilo; sólo “como” ¿eh? Otra labor que me parece muy importante es la revisión del corrector ortotipográfico; éste es un término que he descubierto hace poco. No sabía que se designaba así a la persona que hace (o hacía) la última lectura y que indica los posibles errores tipográficos o algo que no le encaja en el conjunto de la historia. ¿Seguirá existiendo la tercera galerada?

Hago un inciso para comentar que ese término, ortotipográfico, lo leí en "El proceso de publicar II", un artículo de un blog que me tiene encantada, no sólo por los temas que trata sino por el exquisito cuidado con el que está escrito y el uso de un lenguaje esmerado de su autor que es un gozo para los ojos y para la mente. Si sentís curiosidad por el mundillo editorial y los caminos a seguir por un escritor novel, os recomiendo que visitéis el blog Miserias literarias. Si os ocurre como a mí, que entré por curiosidad cuando un amigo me pasó la dirección y disfruté tanto con su lectura que he ido de una entrada a otra hasta que no me quedó nada por leer –incluidas las respuestas del autor a los comentarios de los lectores-, volveréis periódicamente por si hay algo nuevo.

Como decía un par de párrafos atrás, en esa lectura es donde voy incorporando las correcciones definitivas antes de enviar las páginas impresas de la traducción, junto con el soporte en el que va almacenado el texto para que se trabaje en él, así como la lista de nombres nuevos, las incidencias, el libro en inglés y si hay alguna otra nota para la persona responsable de mi apartado en la editorial. Y -¡cómo no!- lo que es importantísimo: la factura.

Os aseguro que después de empaquetarlo todo, protegerlo con cinta adhesiva de embalaje y pasarlo por la ventanilla de la oficina de la mensajería, suelto un gran suspiro y regreso a casa, sonriente. ¿Satisfecha también? Pues sí, reconozco que sí.

Ah, por cierto. Como también he visto a veces críticas sobre los títulos de los libros en castellano, admito mi parte de culpa en ello. Sobre todo en los últimos años, ya que a petición de la editorial también incluyo en la página de inicio, con el título en inglés y el autor, varias sugerencias para el título en castellano. Después es la editorial la que elige una opción o se decide por otra que considera mejor que las que propuse yo.

Ahí termina mi relación con ese libro, salvo alguna consulta desde la editorial si surgen dudas, ya sea en correcciones o en la traducción. Y sólo queda la guinda del pastel: que se publique y la editorial te envíe el ejemplar que te corresponde. Es un momento muy especial cuando lo tienes en las manos. Es algo muy tuyo. El de los libros es un tacto que siempre me resulta muy, muy grato, pero el de ése que has traducido tú... ¡Ay! Tiene algo mágico.

De nuevo llega la espera hasta que suena el teléfono o el aviso de entrada de un correo. Y vuelta a empezar otra vez.

Confío en haber logrado satisfacer la curiosidad de los lectores sobre el proceso de la traducción de un libro. A mi manera, insisto. Sólo es mi método y, como bien dice el refrán, cada maestrillo tiene su librillo.

Saludos y hasta la próxima

Wednesday, September 27, 2006

A mi manera - El proceso de traducción de un libro (1)

Un buen día suena el teléfono o llega el aviso de entrada de un correo electrónico y ahí empieza el proceso de traducción de un libro. No hablaré de las otras etapas que componen su publicación hasta que sale hacia los puntos de venta porque son varias y yo sólo las conozco de refilón y por referencias. Mejor dejar esos temas a los entendidos.

En esa llamada o ese correo te hablan de un libro que van a publicar de tal autor, si forma parte de alguna saga o es algo nuevo, la fecha en la que necesitarían tener la traducción hecha y si te interesaría ocuparte de ello.

Antes de continuar, me gustaría hacer un comentario sobre lo que parece ser mi sino en este trabajo. He traducido bastantes libros y sin embargo sólo hay dos trilogías que he empezado y terminado yo; no cuento los cuatro libritos de mancias porque también son temas tratados hasta la saciedad en ese tipo de publicaciones. Esas dos trilogías son La Sombra Carmesí y La Gema Soberana. Asimismo empecé otra serie, pero no la he continuado: Terrarca. Abordé esa trilogía con mucha ilusión; me parecía un proyecto atractivo, distinto del planteamiento habitual en fantasía. Así que, para ser sincera, me llevé un buen chasco cuando no me pasaron el segundo. Parece ser que debido a la fecha programada para su publicación no me lo podían encargar a mí por falta de tiempo, puesto que en ese momento tenía entre manos la traducción de Knife of Dreams. ¡Con lo bien que lo pasé barajando nombres hasta llegar, por ejemplo, a ese “quelodonte”! (Ahora mismo sonrío de oreja a oreja al recordarlo.)

El caso es que siempre he trabajado en series que ya estaban empezadas y ello conlleva -si se quiere hacer un buen trabajo- darse un palizón a leer y a tomar apuntes de lo que hay publicado sobre la serie, como ocurrió con La Rueda; aunque doy por bien empleado el esfuerzo. No quiero acordarme de lo mal que lo pasé cierto verano, en los meses de agosto y septiembre, cuando acepté el encargo de completar el Atlas de Reinos Olvidados que se había quedado a medias porque la persona encargada de traducirlo había caído enferma con algún tipo de dolencia ocular. Imaginaos: montones de libros a mi alrededor, en inglés y en castellano; páginas y páginas de lo traducido; muchas y gigantescas fotocopias de los mapas... Mientras, las personas encargadas de este tema en la editorial habían tomado vacaciones en agosto. Es decir, no podía ponerme en contacto con los responsables para informarles y preguntar qué hacer.

Y es que, antes de acometer la pesada tarea que era la relación de notas en tal libro y tal página donde aparecían esas llamadas en el texto -una tarea pesada, ingrata y lenta, además de larguísima, porque después de comprobar que las indicaciones del original coincidían con la página y el libro señalados, había que repetir el proceso con el libro en castellano y buscar en qué página estaba esa referencia-, cuando me puse a organizar y crear el índice alfabético descubrí con horror que lo que en el mapa general de una región aparecía traducido como “A” en otro mapa local de la zona aparecía como “B” y a veces, en el texto, como “C”. Lo cual significaba que no era sólo (“sólo” entre comillas) cuestión de confeccionar el índice alfabético y la relación de notas, sino también repasar y rehacer el texto y las listas de los mapas. Es decir, peor que empezar de cero con la traducción del atlas. A partir de entonces fue cuando comencé a sacar gran parte de la nomenclatura que tengo de Reinos Olvidados y donde al cotejar los distintos libros me encontré conque, por ejemplo, una misma posada tenía hasta tres traducciones; muy semejantes, sí, pero distintas. El mes de agosto lo empleé en crear la relación de notas y también agrupé las denominaciones que tenían dos o más variantes y las ordené, junto con las demás, en un índice provisional del que posteriormente desecharía las que decidiera la editorial. Cuando en septiembre hablé con ellos me dieron luz verde para continuar lo que había hecho durante el mes anterior, así como repasar y corregir todo el texto.

En fin, que éste es otro ejemplo de esa soledad de la que hablo cuando te dedicas a traducir, cuando estás sola con el libro y son tu voluntad, tu resolución y tus ganas de hacer las cosas lo mejor posible las que te ayudan a tirar adelante. Aunque se echa de menos ese contacto directo con el autor y cambiar impresiones con él. Claro que, en este caso, de poco habría servido hablar con Karen Wynn Fonstad, pero lo ocurrido con el atlas no suele ser el caso.

Por otro lado, cuando empecé a colaborar con la editorial recordaba detalles de situaciones, nombres y libros en los que ocurría tal o cual cosa en Dragonlance sin recurrir a listas ni apuntes, simplemente de memoria, porque había leído recientemente las dos trilogías principales. Sin embargo, a medida que el número de libros iba en aumento me puse a confeccionar un listado de términos -por orden alfabético en inglés- que abarcaba nombres de personajes, grupos, fiestas, fechas, accidentes geográficos, frases, etc.

A partir de entonces, cada libro que he traducido ha llegado a la editorial con su lista correspondiente de los términos nuevos que he encontrado en él. Para mi uso personal, las entradas nuevas las voy incorporado a sus listados generales correspondientes, unos archivos de consulta que me han ayudado muchísimo para no incurrir en errores de traducir algo que ya tenía traducción o que no era como lo recordaba.

Todas esas nomenclaturas generales de términos que he recopilado yo, ya sean de Dragonlance, de Reinos Olvidados, de La Rueda del Tiempo, etc. obran en poder de la editorial desde hace bastante tiempo, cuando se las envié en respuesta a su petición. Sin embargo, como de Reinos apenas he hecho nada a excepción de varios libros del elfo oscuro, y tanto de esta serie como de la Dragonlance se han publicado muchos más que están traducidos por diferentes personas, a día de hoy no tengo actualizados esos listados; aparte de los términos que he incorporado de los que he traducido yo. Por otro lado, salvo algún caso que me consta que sí se ha hecho, tampoco sé si las personas que se han ocupado de dichas traducciones han confeccionado listas con los nombres, los lugares, etc. que han ido apareciendo en los libros; ni siquiera sé si han utilizado las que envié yo.

No penséis –me dirijo a los seguidores de Dragonlance- que los errores que “cazáis” en los libros se deben a una falta de coordinación en el proceso de traducción, que también puede ser el caso, no digo lo contrario. Pero no todos, de eso estoy segura. Lo comento porque me he topado con fallos que clamaban al cielo en libros originales. De esos, los que se han podido se han corregido en la edición en castellano.

Bien, sigamos con el tema que nos ocupa. Por lo general y a menos que estés muy apurado de tiempo con otro trabajo, aceptas el encargo, naturalmente. Ahora toca esperar que llegue el envío del libro original y las dos copias del contrato, en el que se especifican detalles como plazo de entrega, compromisos que se adquieren, remuneración estipulada, etc. etc. Estampas la huella del pulgar en la hoja de alistamiento para otra campaña en Flandes, preparas el equipo de batalla y te pones en marcha.

Llegados a este punto, si poner en práctica este tipo de actividad ya es de por sí una tarea muy personal, el planteamiento de cada cual para encarar el recorrido, desde que suena el pistoletazo de salida -¿o debería decir el arcabuzazo?- hasta que se llega a la línea de meta, a buen seguro tiene casi tantas tácticas como traductores hay, de modo que explicaré el sistema que sigo yo.

En primer lugar, echo cuentas para saber el número de páginas diarias que habré de traducir con el sencillo cálculo de dividir las que tiene el libro entre los días hábiles que hay hasta el plazo de entrega; de los días hábiles hasta la fecha señalada en el contrato, y dependiendo de la extensión del libro, reservo entre una y dos semanas al final para hacer el último repaso. Como siguiente paso, si no dispongo de mucho tiempo -que es lo más común- y antes de iniciar la traducción, hago una lectura rápida (fragmentos de capítulos) para tener una idea global del contenido del libro.

Cumplir la tarea diaria marcada es muy importante para mi sistema, ya que por costumbre hago un primer repaso de las páginas traducidas esa semana durante el sábado y a veces un rato del domingo. Lo del domingo se debe a que si algún día no hago todo lo que tenía programado, esos “flecos sueltos” quedan pendientes para el fin de semana. Es lo que tiene trabajar por cuenta propia; cuando se es responsable, no hay peor jefe que uno mismo.

A las nueve me siento delante del ordenador, compruebo si hay correo y empiezo a abrir pantallas con diccionarios de consulta, como el DRAE -para comprobar que no utilizo un término con un sentido que la Real Academia no admite o que ni siquiera está reflejado en sus páginas; sobre esto haré un comentario más adelante- o uno de sinónimos y antónimos para no caer en la reiteración; o alguno “online” de inglés, al que recurro cuando no encuentro en mi “Libro Gordo de Petete” alguna palabra que me es desconocida o que tengo dudas sobre cuál sería la mejor acepción en ese contexto; principalmente sirve para aclararte el concepto cuando ignoras el significado de esa palabra, claro, pero no para encontrar su equivalente en castellano. Asimismo, me he acostumbrado a tener abiertas las páginas de Wikipedia y de Google para consultas y búsquedas.

Por cierto, el “Libro Gordo de Petete” es mi diccionario inglés-español Oxford, que debe de pesar un quintal… Ejem, sí, vale, exagero. Pero os aseguro que levantarlo a pulso es un ejercicio fabuloso para desarrollar los bíceps.

Respecto al significado de un término no admitido por la Real Academia, os contaré algo curioso. Al releer lo que había explicado sobre mi trabajo en la entrevista para Los Espejos de la Rueda, he descubierto que una cosa ha quedado obsoleta. Entonces comentaba que la traducción de “ignore him” por “ignóralo” era incorrecta, porque esa acepción no la admitía la Real Academia. De hecho, en mi edición (la vigésima segunda) del DRAE se lee:

ignorar: No saber algo, o no tener noticia de ello.

Sin embargo, en la edición vigésima tercera ya aparece:

ignorar: 1 No saber algo, o no tener noticia de ello. 2 No hacer caso de algo o de alguien.

Ya se ha admitido ese significado. Sin embargo yo prefiero seguir traduciendo “ignore” en ese contexto como “hacer caso omiso de...” y si es más coloquial “pasar de...” Manías, sí, pero es que me sigue sonando mal.

Me ocurrió otra anécdota con el DRAE y los correctores de estilo a costa de la palabra “garañón” que había aplicado a un caballo, no recuerdo en qué libro, pero fue uno de los primeros. Lo cambiaron en la corrección y cuando pregunté el porqué me explicaron que esa voz se utilizaba para los asnos y los camellos, pero que era un término desusado para el caballo semental que sólo se usaba en algunos países de América Central y del Sur. Actualmente, en la vigésima tercera edición del diccionario de la Real Academia se lee: “garañón. 1 asno, caballo o camello semental.” Es decir, que debe de haber dejado de estar en desuso. Sin embargo, por costumbre, todavía utilizo la voz “semental” como antes. Por cierto, que la segunda entrada actual de “garañón” es: 2. hombre sexualmente muy potente. Otra acepción aceptada por la Real Academia que antes no aparecía. La cuarta de entonces y tercera de ahora es la de: macho cabrío destinado a padre. Por si no lo habéis notado, lo estoy pasando muy bien copiando las definiciones de esta palabra.

En el trabajo del día a día a veces te surgen dudas que no se consiguen resolver fácilmente. La experiencia me ha enseñado que en estos casos lo mejor es dejar la palabra, la frase, el párrafo -o lo que sea- rebelde en la “carpeta de casos a resolver” hasta el fin de semana (también en fin de semana, sí; a veces hay que estirar y estirar los fines de semana como si fuesen de chicle) o incluso hasta el final del libro. Ese tipo de dudas puede plantearse por un término, tanto si es de algo real y tiene su traducción al castellano, como si resulta ser un nombre inventado (muy habitual en fantasía) o es una frase que no acaba de encajarte en el contexto o incluso un hecho que acaece en el relato y que no te cuadra del todo.

De nuevo, incido en el comentario de que hay ocasiones en las que sería estupendo tener una línea directa con el autor para que te sacara de dudas. Sobre todo si se trata de los libros de La Rueda del Tiempo. Veréis, Jordan se sirve mucho de palabras ambiguas que pueden tener significados muy diversos y entonces es cuando te entran los temblores pensando qué hacer y qué va a ocurrir en libros siguientes que tal vez eche por tierra esa decisión que has que tomar en ese momento. En los primeros libros de la serie que traduje no era consciente de que quizás ésta o aquella frase de -en apariencia- tan poca relevancia cobraría importancia varios libros después. Pero, como se dice, la experiencia es un grado, aunque muchas veces ganar esa experiencia no es muy agradable, como en el caso que voy a contaros.

Aquí haremos parada y fonda y retomaremos la tarea en la siguiente entrada. ¿Que os parece la idea de interrumpir aquí la explicación? No es por fastidiar, sino para no alargar demasiado la entrada, aunque albergo la esperanza de haber sabido despertar vuestra curiosidad lo suficiente para que leáis la segunda parte.

Mañana, más.

Monday, September 25, 2006

Algunas preguntas

Puesto que varias personas han coincidido al plantearme algunas preguntas y como me parecen interesantes para otros lectores, he pensado que sería acertado abrir esta entrada para responderles. Tampoco podría hacerlo de forma privada, ya que por norma no facilito mi correo electrónico ni mantengo correspondencia con los lectores. Cuando he tenido que comunicarme con ellos por algo que ha saltado a la palestra, lo he hecho a través de los responsables de Los Espejos de la Rueda.

Sobre los estudios a seguir si alguno de vosotros siente interés por dedicarse a la traducción literaria, existen escuelas de traductores donde se obtiene el título. Para traducciones especializadas se imparten cursos específicos, titulaciones imprescindibles en ciertos casos, como es el de traductor jurado. Además está la carrera de filología, inglesa o del idioma al que penséis dedicaros después, así como la de traducción e interpretación. Ambas os ofrecerán más salidas y en ocupaciones mejor remuneradas que la traducción literaria. Para la que, según mi experiencia, a veces conocer el propio idioma es tanto o más importante que tener un gran dominio del que se traduce.

Otro comienzo (para traducir literatura en el ámbito en el que me muevo yo) podría ser la EOI, donde -a menos que se sea un prodigio- normalmente y como poco se repite el último curso hasta conseguir el título del idioma que se estudia. Después es aconsejable viajar a un país donde se hable ese idioma y practicarlo, procurando tener el menor contacto posible con gente que hable español. Cuanto más tiempo, mejor. En mi caso, me gustó Inglaterra e hice muchos amigos, por lo que la estancia se alargó más de cuatro años. Y si por una de esas casualidades del destino alguno consigue trabajo en una editorial y le gusta y ve que es posible dedicarse a ello, entonces que se anime y se lance a la carrera de traducción e interpretación para tener el título. Ahora bien, como ya he dicho en otras entradas del blog, no esperéis haceros ricos con este trabajo.

Respecto a la retribución que se recibe y aunque sea repetir lo mismo una vez más, he de decir que es un trabajo mal pagado, un contrato que sólo dura lo que tardas en traducir el libro que tienes entre manos. Lo que ocurrirá mañana... nunca se sabe. Eres autónomo, un traductor "freelance", y eso conlleva gastos en el ejercicio de la ocupación laboral que a veces no tienen la contrapartida mensual de ganancias en la columna del haber. Es la inseguridad en los ingresos y en la continuidad de la actividad.

En cuanto a la posibilidad de conseguir colaborar con una editorial (que no "encontrar empleo" con nómina, pagas extraordinarias, días libres, vacaciones y seguridad social), en la actualidad no es fácil que una de ellas te abra las puertas. Aun así, se puede intentar enviando el currículo y ofreciendo vuestra colaboración como traductor. No estaría de más adjuntar traducidas unas cuantas páginas (calculo que con diez o doce sería suficiente) de un libro que no esté publicado en castellano. Aunque imagino que si la persona que lo recibe en la editorial le gusta esa traducción seguramente os enviaría algunas páginas escogidas por ella para confirmar la primera impresión.

Eso, si es que alguien se molesta en contestaros, aunque sólo sea para decir que de momento no necesitan vuestros servicios.

Confío en haber aclarado las dudas de los que me habéis preguntado estas cosas.

Thursday, September 14, 2006

¡Que le corten la cabeza!

En la calma que se produce entre batalla y batalla en estos campos de Flandes se corre el peligro de caer en la autocomplacencia. Bajas la guardia y te engañas con la ilusión de que la guerra ha terminado. Luego, naturalmente, cuando la lanza arrojada desde un flanco del que hasta ese momento no habían llegado ataques te hiere de refilón (por suerte el lancero no era muy diestro y no ha dado en ningún órgano vital) te quedas con cara de idiota mirando cómo se cimbrea el astil clavado en el árbol en el que descansabas recostado.

No sirve como excusa que el ataque llegara de una posición casi en la retaguardia y no viniera de frente, además de ir encubierto tras el camuflaje patriotero (e interesado) de las bondades y la superioridad del producto nacional. Cuando se está en servicio activo, la autocomplacencia suele pagarse cara. Esta vez he tenido suerte.

Si a eso le añadimos que algunas lanzas de otros batallones amigos se han levantado en defensa de la tropa a la que pertenezco, entonces gritas de contento y jaleas a esos soldados aunque no lo hagas a voz en cuello, sino desde el corazón.

Al ver el grito de guerra enemigo “el traductor es el traidor” (sólo faltaba la coletilla de la Reina de Corazones de Alicia en el País de las Maravillas: ¡Que le corten la cabeza!) estuve fisgando un rato por la red de redes y he visto lo mucho que se utiliza la frase de origen italiano (traduttore, traditore) para descalificar a quienes nos dedicamos a esto. A veces sí se dan nombres, pero la norma es generalizar. Cierto es que en ocasiones te duelen los ojos cuando ves el uso (el mal uso) que dan al castellano algunos —permitidme que lo ponga entre comillas— “traductores”, pero generalizar en ciertas cosas —diría que en cualquier cosa— adolece de rigurosidad y de objetividad.

La posible explicación al hecho de que en ocasiones se publiquen libros con algunas barbaridades en la traducción se debe, en mi opinión, a dos puntos, aunque el primero es sólo una conjetura, simples deducciones sin el respaldo de pruebas. El otro también es una suposición que deriva de reflexiones en esos tiempos de calma entre batalla y batalla, cuando el cansancio se deja notar; y no sólo el cansancio de la brega diaria, sino el que genera el desencanto y la falta de ilusión.

En primer lugar, no entiendo que muchos de esos fallos que salen publicados se le escapen a un corrector de estilo, lo que me ha llevado a pensar si todavía existe un corrector de estilo en el proceso de la publicación; o pudiera ser que el trabajo del corrector de estilo lo haga alguien que no lo es. En cuanto a la otra presunción, tengo el pálpito de que las editoriales contratan de vez en cuando "eventuales" para realizar una traducción, personas que hacen ese trabajo mientras encuentran uno más acorde con su preparación, sus aspiraciones, su vocación; y mejor remunerado. Podría ser uno de los motivos por lo que en algunas series han participado varios traductores.

Los traductores empezamos a ser una especie en vías de extinción porque cada vez somos menos los que nos empecinamos en seguir en la brecha y trabajar por la soldada que se paga por luchar en Flandes. ¿Hacerse rico con esto? Ja, ja, ja. Nuevamente me hago eco de parte de esa frase de César y, sí, definitivamente, cada vez quedamos menos gilipollas.

Quiero agradecerles a esos soldados de otros batallones que hayan alzado sus voces y sus lanzas en defensa de esta profesión. No es la primera vez que tengo la satisfacción de manifestar mi agradecimiento a personas así. Mi pensamiento y mi corazón estarán con vosotros durante las duras horas de combate, y por vosotros intentaré poner una pica en Flandes cada vez que acometa esta difícil empresa. Saber que estáis ahí hace menos dura la soledad en los tercios. Gracias.

Monday, August 21, 2006

La sonrisa de hoy

Existe una página de tiras de cómic sobre un personaje -un elemento de mucho cuidado- que creo que se llama Rayne. El enlace a esa página es Least I could do y hoy he tenido una grata sorpresa al ver que está utilizando de "pantalla" (para encubrir que lo que lee realmente es la revista Skydiving Monthly) el volumen 4º en inglés de La Rueda del Tiempo, The Shadow Rising, que fue mi primer contacto con dicha serie como traductora.

Aunque ya vi en otra de las tiras que le leía Knife of Dreams a su sobrinilla como libro para ir a dormir y me hizo sonreír cuando le da la buenas noches y le pregunta: "¿Y qué harás si caigo en batalla?" y la peque responde: "Vengar tu muerte." Genial. Pero la de hoy ha sido una sonrisa diferente, ésa de "vaya, qué tiempos", con un toque de satisfacción y un poco de nostalgia.

Ha sido muy agradable (todavía sonrío).

Actualización del 03.12.06

Al leer un post de Ryan Shomer he visto que le recuerda a la gente que mañana lunes a las 11 p.m. se reanuda el "consultorio" de Rayne que había en un blog Dear Rayne sólo que utilizarán un nuevo servicio que parece una especie de emisora que llama TalkShoe algo así como "Zapatófono". En fin que suena muy divertido, a juzgar por los ejemplos de las "consultas" que han hecho a este elemento tan singular que es Rayne y, cómo no, sus respuestas, que son para enmarcar y colgarlas en un lugar destacado.

Los que sepáis inglés y podáis echar un vistazo, no os lo perdáis. Y si podéis conectar a esa hora con el Zapatófono... ya nos contaréis.

Actualización del 04.12.06

Pues parece que al final no se inaugura hoy el "consultorio radiofónico" de Rayne debido al estado casi catatónico del señor Shomer (como reconoce él mismo en su post de hoy) tras la despedida de soltero de un amigo que han celebrado este fin de semana.

Lo han aplazado para el miércoles o el viernes, aún no lo sabe con seguridad. Seguiremos informando, jejejeje

07.12.06 Al final es mañana viernes cuando inauguran el consultorio. Ya sabéis, a las 11 p.m. hora de la costa este. (¿Unas 5 horas más en la península y 4 en Canarias?).

Sunday, August 20, 2006

Divagaciones

Mis amigos me han sugerido que escriba un comentario en el que explique qué ha significado para mí trabajar como traductora. Para ser sincera, al ponerme delante del ordenador e intentar describir lo que conlleva (bajo mi punto de vista) dedicarse a este oficio, me he quedado con la mente en blanco y la mirada fija en la pantalla un buen rato, no sabría decir cuánto tiempo, porque ha sido como si me hubiese sumergido en un peculiar ejercicio de relajación para dejar fluir las ideas al liberar el alma, la mente o lo que sea... Si es que es algo. Y no voy a entrar a discutir sobre esto porque es un tema harto debatido desde hace siglos, desde que a algún antepasado se le ocurrió preguntarse quién era, de dónde venía y hacia dónde iba. Dependiendo de cómo tengas el día, viene la coletilla: ¿Y merece la pena?

Como he dicho, no voy a entrar en temas metafísicos, así que pasamos hoja.

Cuando salí de mi Nirvana particular, comprobé que la pantalla seguía en blanco, que no había venido ninguno de esos enanitos de nuestros cuentos infantiles que se ocupaban de hacerte el trabajo por la noche mientras tú (en plan egoísta absoluto como sólo los niños pueden serlo) dormías plácidamente y te soñabas encarnado en algún héroe o heroína de las pelis, alguien bello, fuerte, imbatible, admirado y aplaudido.

Esto... por cierto. ¿Es impresión mía o es que conforme las consolas se multiplican y reproducen como la freza de los peces se está dejando de soñar este tipo de sueños? ¿Se sueña hoy? Sí, claro que se sueña. Es una de las distintas etapas del sueño, así que imagino que ahora nos convertimos en Lara Croft o en cualquiera de los últimos super-magníficos-maravillosos-chachipiruli héroes y villanos de los juegos que, mira tú por donde, salen ya a la par que la peli de aventuras de turno. Maravillas de la informática -más bien del marketing- y de los tiempos frenéticos que vivimos; tiempos en los que se quiere todo y se quiere ya. Si además es por la “feis”, mejor que mejor.

¡Ups! (como diría un pequeño personaje de una de las series en las que he trabajado.) Me he desviado, he perdido el norte y ya no sé hacia dónde iba. A ver, recapitulemos...

¡Ah, sí! Los enanitos, esos capullos (mis disculpas, pero está así en el guión) que tendrían que haber venido a escribir esta... (tos)... reflexión (más toses para cortar la risa floja que me ha entrado), se han tomado la noche libre porque es el día del “currante anónimo”. “Enanos creativos de Fantasía: ¡uníos! ¡El vestido de paja convertida en hilo de oro, para quien lo teje!” O sea, que me toca darle a la tecla (y al coco) a mí porque hoy andan alborotados los colaboradores de mis sueños. Espero que sepáis disculpar mis carencias.

Entonces recordé lo que pasó cuando leí el artículo de César Ayala, que hizo que me sintiera identificada con sus opiniones y me convenciera de que no era un bicho raro. Por ello, mi siguiente paso ha sido recurrir a la herramienta más utilizada entre los internautas hoy por hoy, ¿adivináis? Claaaaro: ¡San Gúguel! Ahí busqué qué piensan y qué comentan otros traductores con la esperanza de que se diera de nuevo esa identificación con sus “gozos y sombras”, así como descubrir más cosas y aprender.

Ahí sí que me he quedado absorta con lo que iba leyendo y me he olvidado de lo que me rodeaba, cosa, por otro lado, a la que estoy acostumbrada por mi trabajo y que tampoco cuesta tanto esfuerzo, porque, aparte de los pertrechos necesarios para realizar el trabajo, poco hay en el despacho de lo que sea necesario aislarse.

El resumen de esas lecturas es que, por lo general, se habla de soledad, de responsabilidad, de autonomía laboral llevada con orgullo. Y de inseguridad económica —en cuanto a poder contar con unos ingresos más o menos regulares— llevada como se puede. Sí, claro que se aprende algo. Siempre.

Por un lado, te viene bien comprobar que no eres una tía rara, que ciertas ideas, manías y sensaciones son inherentes a esta profesión, no porque las neuronas te estén patinando. Que también puede ser, ¿eh? No hay que descartar ninguna posibilidad. Por otro lado, he leído artículos y comentarios que me han encandilado por la riqueza del vocabulario y los recursos literarios... (Oh, sí, es que —además— hay que procurar ser un poco escritor, ocupación que algunos de esos traductores tienen. Iba a decir también, pero creo que el “también” en este caso debe de ir con “traducir” no con “escribir”: algunos escritores también traducen.) En resumen, que a uno se le encoge eso que se ensimisma a veces —alma, mente o lo que sea; si lo es— y te vuelves a sentir pequeña y se te quitan las ganas de relatar tu cuento porque no quieres hacer el ridículo delante de los mayores.

Soledad, responsabilidad, momentos de desconcierto ante un fragmento del texto que no puedes aclarar con el autor, impotencia cuando compruebas que por mucho que lo intentas se te escapa algún gazapo o cuando ves críticas de lectores que no se preguntan de dónde, aparte del traductor, puede haber partido tal o cual error o que —también pasa— no ha consultado un diccionario para ver si esa palabra que le parece fuera de contexto en realidad no significa lo que él piensa, sino algo muy distinto.

Y el problema es que en este medio, tan bueno para unas cosas y tan inclemente para otras, se corre la voz y es imposible frenar las opiniones vertidas en la red de redes.

Es como aquella moraleja de la mujer que va a confesar que ha hablado mal de una vecina y como penitencia tiene que pelar un pollo en el campo un día que haya ventarrón, y después recoger todas y cada una de las plumas. Sin que falte una sola. La mujer protesta porque eso es imposible, y la respuesta y la moraleja es que tan imposible como eso es borrar por completo las calumnias esparcidas contra cualquiera una vez que las palabras salen de tu boca. En este caso, de tu teclado.

Lo malo es que en este medio, además, se suele hacer de forma anónima, escudado por un apodo. La red te da esa impunidad.

¡Huy! ¡Qué seria me he puesto! Vale, ahora es cuando se impone contar la anécdota, creo, así que os toca a quienes habéis llegado hasta aquí (jejeje, bienaventurados los pacientes, porque ellos no sufrirán estrés ni insuficiencias coronarias) aguantar un poco más para que os cuente algo que me ha pasado hace poco.

Había ido a comprar un ejemplar de Nueva primavera que tenía que regalar a unos amigos. No había mucha gente en la librería y me puse a charlar un rato con la persona que me atendía. Cambiamos impresiones sobre este mundillo de los libros en general y de los de fantasía en particular. Esta persona me dijo en cierto momento: “Ah, esta serie de La Rueda está bien y tal, y me gusta cómo lo hace la traductora.”

Me faltó poco para darle las gracias; tuve que morderme la lengua. Me puse hasta colorada porque me encontraba en una posición un tanto violenta; llevábamos un ratito de charla y en ese momento me dio “palo”, como se dice ahora, presentarme. Me pareció un poco forzado decir al cabo del rato, pues mira, te agradezco que opines así, yo soy Mila. No olvidemos que una es traductora, no escritora (perteneciente al colectivo de los invisibles), y aparte de mi familia y de mis amigos son pocos los que saben a qué me dedico. Cosas de mi timidez. Aunque, bien pensado, de la traducción depende que una novela sepa hacer llegar en otro idioma lo que el autor quiso transmitir; en algunos casos puede desgraciarla o, por el contrario, mejorarla. Son profesiones diferentes; y eso que un traductor necesita cierta dosis de imaginación, inventiva, creatividad, recursos para salir de un contexto complejo, etc. Oh, sí, la necesita; y en cantidades generosas, a veces.

Me marché pitando. Por pies. Como alma que lleva el diablo.*

Sí, sí, ya dejo de “dar la brasa”. Si habéis llegado hasta el final, añadid al currículo (como un punto a vuestro favor o un "master" en el extranjero) que poseéis una inmensa paciencia.

Hasta la próxima.

*Dedicado a un seguidor de La Rueda del Tiempo que escribe en unos foros y al que le extrañó que nombrara al diablo en un mundo donde no se lo menciona. Tal vez debí modificar un poco la frase hecha y decir: Como alma que lleva la Sombra. Claro que quizás el corrector no lo habría dejado pasar y lo habría cambiado.

Tuesday, August 15, 2006

Libros traducidos

A continuación, una lista de los libros que he traducido hasta el momento. (Iré actualizando la lista y poniendo fecha.)

En mayo 2013: 89

Scyla - Timun Mas (83):

La Rueda del Tiempo
(20) +


14 - Del 4º al 17º (edición antigua)
1 - Cuchillo de Sueños (se publicó sólo en cartoné con el nº 17)
1 - La tormenta (18º, sólo en cartoné)
1 - Torres de Medianoche (19º, sólo en cartoné)
1 - Un recuerdo de Luz (20º, sólo en cartoné)
1 - Libro ilustrado del mundo de La Rueda del Tiempo
1 - Nueva primavera
- Cuervos (primer capítulo de Desde Dos Ríos, nueva edición)
- Revisión de los tomos 1º 2º y 3º (edición antigua)

Dragonlance (44) +

3 - Preludios (I)
3 - Preludios (II)
6 - Los Compañeros
3 - Cuentos (I)
3 - Cuentos (II)
3 - Las Naciones Élficas
3 - Las Naciones Enanas
1 - Enanos y draconianos
2 - El ocaso de los dragones
4 - La forja de un Túnica Negra *
1 - Gilthas, Orador de los Soles
1 - Amanecer de una Nueva Era (5ª Era)
1 - Atlas
- - Revisión de Crónicas
1 - Edición anotada de Crónicas
1 - Segunda Generación
3 - Trilogía La Guerra de los Espíritus
2 - 1º y 2º de la trilogía La Discípula Oscura
1 – Aquí hay dragones **
2 - 1º y 2º de la trilogía Las Crónicas Perdidas

Reinos Olvidados (6) +


1 - El espolón del Wyvern
1 - Elminster La forja de un mago
3 - II trilogía de El elfo oscuro
- - Corrección y completar Atlas
1 - Las dos espadas, 3º de la trilogía Las espadas del cazador

Otros (13)

3 - Trilogía La Sombra Carmesí
1 - Los Ejércitos de la Luz, 3º de la trilogía El Reino de Darwath
4 - (mancias) Astrología. Quiromancia. Tarot. Numerología
1 - Cinco cuentos del Homenaje a Tolkien ***
1 – Los Ángeles de la Muerte, 1º de la trilogía Terrarca
3 – Trilogía La Gema Soberana

Militaria (Et Editorial) (2)


1 - Escuadrilla Azor
1 - La campaña afgana

Roca Editorial (4)


Los 7 Reinos (3)
1 - Graceling
1 - Fuego
1 - Bitterblue

Novela independiente

1 - Rokshan y los Jinetes Salvajes (Dragon-Horse)



* En esta serie de 4 libros, en los créditos se atribuyó la traducción de Raistlin, el aprendriz de mago a Mª Eugenia Ciocchini por error, mientras que a mí me atribuyeron la traducción de La misión de Dezra que en realidad era de Mª Eugenia. Se lo comuniqué a la editorial y en próximas ediciones se subsanará este error.

** Cuento perteneciente al libro ilustrado Dragones, una recopilación de cuatro relatos cortos sobre dragones de distintos mundos: Reinos Olvidados, Dragonlance, Eberron y Magic.

***
Pertenecientes a la recopilación de 19 Relatos Fantásticos. Al ser cotraductora, lo incluyo como otro libro más en mis traducciones.

El símbolo + que aparece junto al número de libros traducidos de cada serie o grupo indica que he participado en algún otro libro, ya sea con la traducción de algún capítulo añadido posteriormente o con revisiones. Las anotaciones de crónicas las cuento como un ejemplar por lo numerosas que eran en los tres volúmenes y porque también me encargué de su revisión.




Aunque la entrada original está fechada en agosto 2006, el número de libros va en aumento a medida que los incorporo cuando se publican los que sigo traduciendo.

Monday, August 14, 2006

El porqué de Flandes

En caso de que alguien sienta curiosidad por el nombre de mi blog, diré que hace años leí un artículo de César Ayala, traductor del juego Elric. Era un artículo sobre las satisfacciones y los pesares de la profesión de traductor. Me hizo sonreír e incluso reír en ciertos momentos al sentirme identificada con lo que contaba, pero sobre todo me impresionó una frase. Me caló tan hondo que he hecho referencia a ella en varias ocasiones y, de hecho, es la que me ha llevado a dar título a este blog. La frase (el párrafo) en cuestión es:

El traductor es como un soldado de los tercios de Flandes. Está solo, cuenta con pocos aliados y se mueve en un entorno que le es netamente hostil. Y sabe que no se va a hacer rico con esto. Pero sigue haciéndolo porque en el fondo, todos somos MUY gilipollas.


Y he ahí por lo que muchas veces me siento como un soldado de los tercios de Flandes, con mi arcabuz apoyado en el hombro (el ordenador) y mi munición (el libro que estoy traduciendo) apuntando a no sé qué enemigo invisible y rogando que el tiro salga por donde Dios manda, no por la culata.

Neurastenias propias de trabajar en soledad.

Sunday, August 13, 2006

Hola, Flandes

Todo tiene un comienzo y éste es el del blog que acabo de crear. Espero que haya sido una buena decisión. El tiempo dirá.