Hace unos días colgué la primera entrada de esta retrospectiva de Brandon. De momento, y ya que habéis entrado tres lectores a comentar que os interesa, os traigo la segunda parte que se centra en «el proceso». Igual que advertí en la entrada anterior, quienes no hayáis leído toda la serie, incluido el último libro, si queréis evitar spoilers será mejor que no leáis lo que viene a continuación. Asimismo, lo que son aclaraciones o comentarios míos los pongo en marrón. Empezamos...
Retrospectiva – La Rueda del Tiempo: El proceso.
10 de octubre 2013
La explicación de mi retrospectiva de La Rueda del Tiempo la tenéis al principio de mi primera entrada, que trataba sobre los apuntes. Aquí tenéis la segunda.
El proceso
Lo primero que hice después de que me entregaran los apuntes fue meterme de lleno a releer la serie —con los apuntes a mano— en busca de indicios insinuados que habría que hacerlos realidad y «arcos dramáticos» de personajes que estaban inconclusos. Podéis leer mis reacciones libro por libro; escribí varias entradas en 2008 mientras releía la serie.(*)
(*) En mi blog podéis leer en el mes de febrero 2008 las traducciones a partir del 02-02-2008 (ahí tenéis —de abajo arriba— desde la entrada sobre el primer libro, en inglés, claro, «Repaso general – La Rueda del Tiempo (1)», hasta la entrada sobre el sexto, «Repaso general – La Rueda del Tiempo (6)» el 26-02-2008. Luego, en el mes de marzo 2008, están desde la entrada del libro 7 hasta el 10, así como algunos comentarios aparte, como «Reflexiones», «Cálculos de Brandon» y «Definición de surrealista». Por último, en mayo 2008, el día 3, el «Repaso general – La Rueda del Tiempo (11)» Cuchillos de sueños.
Aquello me llevó meses, y mientras escribía me preparé un archivo enorme de preguntas, posibles escenas e ideas. La siguiente visita que hice a Charleston fue en la primavera de 2008. ¿Abril, quizá? No lo recuerdo con exactitud. Casi había acabado de releer los libros, aunque dudaba de que hubiera terminado ya con ello.
Llegado a este punto, me senté con el Equipo Jordan. Por si acaso no conocéis a los miembros de dicho grupo, son estos:
Harriet: Editora y viuda de Robert Jordan. Fue quien le descubrió como aspirante a escritor en Charleston, cuando ella se mudó allí para criar a su hijo, habido en un matrimonio anterior. (Harriet no creía que Nueva York fuera un buen lugar para eso, y había heredado la casa familiar en Charleston.) Las creaciones de Robert Jordan le dieron ánimo y empezó a publicar sus novelas históricas (todavía trabajaba para Tor, pero desde su casa). Con el tiempo, se enamoraron y se casaron. Fue la editora de todos los libros de La Rueda del Tiempo, además de ocuparse de otras cosas. (Por ejemplo, es responsable de casi todos los títulos de capítulos de todos los libros.)
Maria: Creo que la contrataron más o menos por el libro séptimo. Al principio, parece que su trabajo era más bien de oficina, pero con el tiempo impresionó a Robert Jordan y a Harriet y pasó a ocupar un puesto más relacionado con el trabajo editorial. Era la que se ocupaba de controlar la continuidad (como la «línea del guión» en el cine) para él, y también trabajaba en sus revisiones y correcciones. En la actualidad, además está encargada de otras cosas, como por ejemplo que las novelas gráficas de La Rueda del Tiempo sigan la trama y las descripciones de forma correcta.
Alan: Alan llegó después que Maria, pero aun así lleva años y años a estas alturas. Ayuda con el trabajo de oficina y sabe mucho sobre las artes militares. En los últimos libros se convirtió en mi «Gran Capitán». (Aunque él y yo nos dábamos de cabezazos a menudo porque yo presionaba para que hubiera más dramatismo y él para que hubiera descripciones de tácticas más específicas.)
Wilson: Ignoro si él estará de acuerdo en si formaba o no parte del Equipo Jordan, pero yo lo veo así. Wilson era primo de Robert Jordan y amigo íntimo desde la infancia; el primo que era como un hermano. Jovial y amable, no hace mucho, para un concurso de disfraces, se disfrazó… de mí. Durante años ha sido un animador para el trabajo de Jim, y siempre que me sentía amilanado por este proyecto, recibía una corta nota de ánimo o ayuda de Wilson.
Durante la segunda visita a Charleston, me senté con Alan, Maria y Harriet para perfilar mis ideas respecto hacia dónde deberían encaminarse los últimos libros. Pedí hojas grandes de papel de envolver y me puse a escribir sobre personajes, tramas, objetivos y a organizar un orden de secuencias. Después, entre los componentes del grupo buscamos soluciones e ideas para todo aquello con lo que no teníamos claro qué hacer. Varias veces presenté mis (un tanto atrevidos) planes para secuencias que Robert Jordan no había bosquejado. Creo que muchas de las cosas que sugerí sorprendieron a los miembros del Equipo Jordan… y les preocupó.
Sin embargo, mi argumento era éste: Robert Jordan no habría dejado inalterado el último libro si hubiera tenido que cambiar algo. No habría hecho todo como se esperaba que se hiciera. No habría dejado estancados los arcos dramáticos de los personajes. No habría cesado de crear el mundo. Si íbamos a lo seguro con el libro, la serie llegaría a un clímax final sin garra. Harriet estuvo de acuerdo y me dijo que llevara adelante algunos de esos planes, si bien me advirtió que, como editora, leería y comprobaría si conseguía hilar la serie de escenas. Si lo lograba, irían en los libros. Si no, las quitaríamos.
Eso acabó funcionando realmente bien. Me permitió tener libertad artística para encaminar los libros sin restricciones hacia donde creía que debían ir. Bueno, sí, me puse una restricción, que era no ir en contra de los libros anteriores de Robert Jordan, y que si él había terminado una escena en los apuntes, la utilizaríamos.
Al leer eso puede parecer que yo intentaba desviar los libros de la línea imaginada por él. Nada más lejos de la verdad. Al releer la serie, al comprender mejor sus apuntes, sentí como si tuviera una visión del tipo de ritmo emocional que Robert Jordan anhelaba dar al último libro. Ese ritmo emocional requería sorpresas, revelaciones y transformaciones. Tuve la sensación de que realmente había captado el «pulso» de esta serie. Mi objetivo era hacer realidad su visión. Sin embargo, para conseguirlo, tenía que ejercitar mis «músculos artísticos», del mismo modo que él habría ejercitado los suyos. Tenía que permitir que el escritor creativo que hay en mí creara, relatara historias.
Lo cual significaba abordar esos libros como un escritor, no como un «negro» (un escritor sin firma que escribe para otro). Harriet lo comprendió; me contrató a mí en lugar de contratar un negro porque teníamos apuntes y fragmentos de escenas, no una novela casi terminada. Sin embargo, también tuvo mucha razón al decirme que actuaría como una fuerza estabilizadora. Dejar que mi creatividad saliera de su proverbial caja de Pandora significaba caminar por un terreno peligroso, con la posibilidad de que cosas que fueran demasiado «Brandon» consumieran la serie. Yo no quería que ocurriera tal cosa, y Harriet era el mecanismo de control de seguridad.
Tal es la razón de que hubiera que quitar algunas escenas de los libros, como la de «Río de almas», que forma parte de la antología Unfettered. No es la única. Otras incluían una parte en la que Perrin entraba a los Atajos.
Durante el proceso de escribir estos libros, todos los miembros del Equipo Jordan hicieron comentarios sobre todos los aspectos, pero cierto tipo de especialización surgía en cada uno de ellos de forma natural. Harriet editaba y se enfocaba en el modo de expresarse de los personajes. (Como bien me hizo notar respecto a una de mis primeras escenas de Aviendha: «Brandon, has escrito una Elayne casi perfecta.» Me costó unos cuantos intentos más hasta conseguir lo que era correcto.) Maria estaba atenta respecto la continuidad con los otros libros. Alan hacía hincapié en la línea temporal, movimiento de tropas y tácticas.
Retrospectiva – La Rueda del Tiempo: El proceso.
10 de octubre 2013
La explicación de mi retrospectiva de La Rueda del Tiempo la tenéis al principio de mi primera entrada, que trataba sobre los apuntes. Aquí tenéis la segunda.
El proceso
Lo primero que hice después de que me entregaran los apuntes fue meterme de lleno a releer la serie —con los apuntes a mano— en busca de indicios insinuados que habría que hacerlos realidad y «arcos dramáticos» de personajes que estaban inconclusos. Podéis leer mis reacciones libro por libro; escribí varias entradas en 2008 mientras releía la serie.(*)
(*) En mi blog podéis leer en el mes de febrero 2008 las traducciones a partir del 02-02-2008 (ahí tenéis —de abajo arriba— desde la entrada sobre el primer libro, en inglés, claro, «Repaso general – La Rueda del Tiempo (1)», hasta la entrada sobre el sexto, «Repaso general – La Rueda del Tiempo (6)» el 26-02-2008. Luego, en el mes de marzo 2008, están desde la entrada del libro 7 hasta el 10, así como algunos comentarios aparte, como «Reflexiones», «Cálculos de Brandon» y «Definición de surrealista». Por último, en mayo 2008, el día 3, el «Repaso general – La Rueda del Tiempo (11)» Cuchillos de sueños.
Aquello me llevó meses, y mientras escribía me preparé un archivo enorme de preguntas, posibles escenas e ideas. La siguiente visita que hice a Charleston fue en la primavera de 2008. ¿Abril, quizá? No lo recuerdo con exactitud. Casi había acabado de releer los libros, aunque dudaba de que hubiera terminado ya con ello.
Llegado a este punto, me senté con el Equipo Jordan. Por si acaso no conocéis a los miembros de dicho grupo, son estos:
Harriet: Editora y viuda de Robert Jordan. Fue quien le descubrió como aspirante a escritor en Charleston, cuando ella se mudó allí para criar a su hijo, habido en un matrimonio anterior. (Harriet no creía que Nueva York fuera un buen lugar para eso, y había heredado la casa familiar en Charleston.) Las creaciones de Robert Jordan le dieron ánimo y empezó a publicar sus novelas históricas (todavía trabajaba para Tor, pero desde su casa). Con el tiempo, se enamoraron y se casaron. Fue la editora de todos los libros de La Rueda del Tiempo, además de ocuparse de otras cosas. (Por ejemplo, es responsable de casi todos los títulos de capítulos de todos los libros.)
Maria: Creo que la contrataron más o menos por el libro séptimo. Al principio, parece que su trabajo era más bien de oficina, pero con el tiempo impresionó a Robert Jordan y a Harriet y pasó a ocupar un puesto más relacionado con el trabajo editorial. Era la que se ocupaba de controlar la continuidad (como la «línea del guión» en el cine) para él, y también trabajaba en sus revisiones y correcciones. En la actualidad, además está encargada de otras cosas, como por ejemplo que las novelas gráficas de La Rueda del Tiempo sigan la trama y las descripciones de forma correcta.
Alan: Alan llegó después que Maria, pero aun así lleva años y años a estas alturas. Ayuda con el trabajo de oficina y sabe mucho sobre las artes militares. En los últimos libros se convirtió en mi «Gran Capitán». (Aunque él y yo nos dábamos de cabezazos a menudo porque yo presionaba para que hubiera más dramatismo y él para que hubiera descripciones de tácticas más específicas.)
Wilson: Ignoro si él estará de acuerdo en si formaba o no parte del Equipo Jordan, pero yo lo veo así. Wilson era primo de Robert Jordan y amigo íntimo desde la infancia; el primo que era como un hermano. Jovial y amable, no hace mucho, para un concurso de disfraces, se disfrazó… de mí. Durante años ha sido un animador para el trabajo de Jim, y siempre que me sentía amilanado por este proyecto, recibía una corta nota de ánimo o ayuda de Wilson.
Durante la segunda visita a Charleston, me senté con Alan, Maria y Harriet para perfilar mis ideas respecto hacia dónde deberían encaminarse los últimos libros. Pedí hojas grandes de papel de envolver y me puse a escribir sobre personajes, tramas, objetivos y a organizar un orden de secuencias. Después, entre los componentes del grupo buscamos soluciones e ideas para todo aquello con lo que no teníamos claro qué hacer. Varias veces presenté mis (un tanto atrevidos) planes para secuencias que Robert Jordan no había bosquejado. Creo que muchas de las cosas que sugerí sorprendieron a los miembros del Equipo Jordan… y les preocupó.
Sin embargo, mi argumento era éste: Robert Jordan no habría dejado inalterado el último libro si hubiera tenido que cambiar algo. No habría hecho todo como se esperaba que se hiciera. No habría dejado estancados los arcos dramáticos de los personajes. No habría cesado de crear el mundo. Si íbamos a lo seguro con el libro, la serie llegaría a un clímax final sin garra. Harriet estuvo de acuerdo y me dijo que llevara adelante algunos de esos planes, si bien me advirtió que, como editora, leería y comprobaría si conseguía hilar la serie de escenas. Si lo lograba, irían en los libros. Si no, las quitaríamos.
Eso acabó funcionando realmente bien. Me permitió tener libertad artística para encaminar los libros sin restricciones hacia donde creía que debían ir. Bueno, sí, me puse una restricción, que era no ir en contra de los libros anteriores de Robert Jordan, y que si él había terminado una escena en los apuntes, la utilizaríamos.
Al leer eso puede parecer que yo intentaba desviar los libros de la línea imaginada por él. Nada más lejos de la verdad. Al releer la serie, al comprender mejor sus apuntes, sentí como si tuviera una visión del tipo de ritmo emocional que Robert Jordan anhelaba dar al último libro. Ese ritmo emocional requería sorpresas, revelaciones y transformaciones. Tuve la sensación de que realmente había captado el «pulso» de esta serie. Mi objetivo era hacer realidad su visión. Sin embargo, para conseguirlo, tenía que ejercitar mis «músculos artísticos», del mismo modo que él habría ejercitado los suyos. Tenía que permitir que el escritor creativo que hay en mí creara, relatara historias.
Lo cual significaba abordar esos libros como un escritor, no como un «negro» (un escritor sin firma que escribe para otro). Harriet lo comprendió; me contrató a mí en lugar de contratar un negro porque teníamos apuntes y fragmentos de escenas, no una novela casi terminada. Sin embargo, también tuvo mucha razón al decirme que actuaría como una fuerza estabilizadora. Dejar que mi creatividad saliera de su proverbial caja de Pandora significaba caminar por un terreno peligroso, con la posibilidad de que cosas que fueran demasiado «Brandon» consumieran la serie. Yo no quería que ocurriera tal cosa, y Harriet era el mecanismo de control de seguridad.
Tal es la razón de que hubiera que quitar algunas escenas de los libros, como la de «Río de almas», que forma parte de la antología Unfettered. No es la única. Otras incluían una parte en la que Perrin entraba a los Atajos.
Durante el proceso de escribir estos libros, todos los miembros del Equipo Jordan hicieron comentarios sobre todos los aspectos, pero cierto tipo de especialización surgía en cada uno de ellos de forma natural. Harriet editaba y se enfocaba en el modo de expresarse de los personajes. (Como bien me hizo notar respecto a una de mis primeras escenas de Aviendha: «Brandon, has escrito una Elayne casi perfecta.» Me costó unos cuantos intentos más hasta conseguir lo que era correcto.) Maria estaba atenta respecto la continuidad con los otros libros. Alan hacía hincapié en la línea temporal, movimiento de tropas y tácticas.
(Continuará.)